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miércoles, 18 de diciembre de 2013

17-12-2013. Las consecuencias del amor

17-12-2013

Las consecuencias del amor

Una última mirada vieja y cansada lo dice todo. No dice nada. Algo murió. El recuerdo del pasado en las pupilas, antes de zambullirse en una gran caja de cemento. Las consecuencias del amor.

Esta mañana le he dado el último repaso a Sad Song antes de enviarlo al Urban Research 2014 organizado para la 10th Berlin International Directors Lounge. El apaño de sonido que hice ayer ha dado su frutos y ya no hay pequeñas molestias sonoras que matan al film. Pero la llaga de la boca me sigue molestando.

Ya puestos, lo he enviado a varios festivales más: el DocEX (que no creo que lo seleccionen porque el máximo de minutos por vídeo son cincuenta – con excepciones – pero no quieren películas), al Australian International Experimental Film Festival (para el que tengo que enviar una copia en DVD por correo que me va a costar la vida si el ayuntamiento de Castellón no me paga el primer mes de la beca) y a uno de los importantes: el AFI Docs. Llevo toda la tarde intentando subir a internet el documental para poder presentarlo a este último, pero la conexión se cae cada quince minutos.


He tenido que interrumpir el visionado de Sad Song a media mañana porque a las 12 era la comida con el resto de artistas de la residencia. Como me suele pasar, he sido el primero en llegar. A las 12.00 estaba tocando el timbre. Una vez allí, me he dado cuenta de que iba vestido de la misma manera que el día de la performance de ESOC. Los de la residencia se van a pensar que solo tengo cuatro trapos. Y todo son camisetas monocromáticas del Decathlon. Bueno, así aparento menos ínfulas de artista. Pues en realidad, eso de llamarse artista a uno mismo (o a los demás) me parece pretencioso y exagerado. Volvemos al ¿qué es el arte? ¿Cómo valorar qué es y quién es un artista? ¿Cómo valorar la calidad de una obra de arte? Solo el tiempo puede decirlo. Y mientras el tiempo no hable, aquí (en el mundo a día de hoy) ninguna obra merece ser llamada una obra de arte ni nadie ser reconocido como artista.  Hacer arte es hacer algo significativo para la humanidad: para su devenir, para su recuerdo, para el pensamiento… pero si no es transcendente, si es un acto egocéntrico ¿de qué sirve? Que esto no parezca un pensamiento grandilocuente (que lo es, no lo voy a negar), pero esa “humanidad” también puede ser una única persona a la que la obra de arte le haya hecho abrir su mirada y su reflexión. Las obras de arte en sí mismas no cambian el mundo, pero si pueden cambiar a las personas que actúan en él. Las consecuencias del arte pueden ser significativas, si se le presta atención.

Después de esta verborrea que hasta yo dudo cuando me la replanteo, a lo que iba: la comida. Ha comenzado en silencio, tímida. “Qué grupo tan introspectivo nos ha tocado esta vez”, ha dicho Irene en inglés a la mesa. Sonrisas agachando la mirada. Poco a poco unos han comenzado a hablar con otros. A mi lado se ha sentado Giulia, Guilietta, una italiana que no es residente pero trabaja aquí ayudando a la dirección mientras desarrolla sus dibujos/pinturas.

Ha empezado hablándome ella y preguntándome por el vídeo que grabé de la performance de ESOC y que le gustaría verlo. La conversación ha sido un remix de castellano, italiano e inglés. Y es que chapurreando un poco de cada, todo el mundo se entiende. Luego le he preguntado si ella trabajaba aquí o qué hacía. Me ha contado que vino de Erasmus y se ha quedado un tiempo más, y que trabaja aquí pero más como ayuda, y que al mismo tiempo realiza piezas de arte de dibujo. Creo que me ha dicho esto, más o menos. Igual ahora estoy mezclando conversaciones. Creo que al final también me ha comentado que un día me podía enseñar sus dibujos. Yo le he contado el proyecto de las estatuas. Al final, sin saber cómo, me ha dado su página de Facebook para que viese exactamente lo que hacía. Giulia me ha caído muy bien, y es muy simpática. Y habla italiano, que entre tanto alemán es agradable escuchar una voz poética y que rima. Prefiero el italiano al alemán. De hecho, desde que estoy aquí la mayoría de películas que he visto son italianas. Que cosas.

También he hablado un poco con la otra coreana, que vive justo encima de mí. También se llama Hye. Habla el alemán de calle, pues lleva seis años viviendo en Berlín. Por su forma de hablar y su risa me ha recordado a Ana, la compañera de clase china de mi prima Carlota. El inglés no lo domina tanto. Pero al parecer, según ha contado Irene, y lo he podido comprobar escuchando a Paula (otra residente), los que aprenden bien el alemán al llegar aquí no hablan bien el inglés. Me he reconfortado al descubrir que mi inglés no estaba muy por debajo de la media de los que no somos angloparlantes. Al final he estado hablando con Matthew, para practicar. Y me he quedado escuchando una conversación que han tenido entre él, la chica de cabellos rizados cuyo nombre sigo sin recordar, y Libby. Creo que entre todos los idiomas que he escuchado en la mesa me quedo con el italiano.

Cyril también se ha acercado a hablar conmigo. Le he dicho que esta semana no le he podido hacer la entrevista porque estaba liado con la película de las estatuas. Pero como se va a quedar aquí en navidad, no será por falta de tiempo para hacerla. El me ha comentado que esta semana va a ir a ver o grabar lugares abandonados como iglesias y fábricas, y me ha dicho si quería que le acompañase. Le he dicho que sí. El día no lo tenía claro. Espero estar en casa cuando llame a mi puerta.

Irene me ha puesto un momento en evidencia (positivamente). Cuando los asistentes ya no teníamos nada más que decirnos unos a otros y la conversación general iba sobre “¿te molesto al hacer ruido en la habitación de al lado por la noche?”, Irene  ha puesto la palabra en mi boca para que les explicase a todos mi proyecto de la residencia. Ha dicho en voz alta algo como “Adrián quiere contaros algo para un proyecto que está haciendo sobre Glogau”. Y yo he respondido con la mirada gacha un: “Yes”.  No sabía como continuar y me he reído. Lo que ha hecho que todos se rieran complacientemente. Una vez el público está ganado es más fácil comenzar.

Les he contado la idea en general: grabarles trabajando y hacerles una entrevista, y les he dicho que en unos días les mandaré un email para explicarlo todo mejor y organizarnos los que quieran participar. Para cerrar el pequeño discurso un: “I’m very shy and my English is not very good. I’m sorry”. Sonrisas e interés por su parte. Veremos las consecuencias de mi discurso y si puedo llevar el proyecto a buen puerto.

Por la tarde he ido a la oficina de correos a recoger el paquete con mis botas de caminante kamikaze. Casi tres cuartos de hora de romería, papel en mano, hasta que he llegado a la ventanilla. La mujer muy simpática me hablaba en alemán y yo le asentía con una sonrisa sin saber que me decía. Le he dado la acreditación y le mostrado el DNI y todo ha salido sin incidencias. Me he despedido en alemán con un “Tschüss”, que me ha devuelto amablemente.

Ya en casa he abierto el paquete. Todo estaba envuelto en papel transparente como si fuera una col del supermercado: las botas, la memoria con todas mis películas en Divx, el tocho de textos encuadernados sobre las brigadas internacionales para preparar el dossier del documental respectivo, el mini-reproductor de DVD externo, un par de calcetines y mi tela verde de chroma-key. Con todo en su lugar me he puesto a enviar a los festivales Sad Song.

Mientras se subía el film a la web del AFI he entrado a ver la pagina de Facebook de Giula, Giulz de nombre artístico. Trabaja con tinta y hace dibujos muy grandes y líquidamente infinitos, que gotean en sí mismos, yendo a la esencia de su método de trabajo. Exagerando, para definirlo en tres palabras, sus dibujos/pinturas son un Pollock ordenado donde la pintura misma lleva a una forma concreta. Pero detrás hay un trabajo muy cuidadoso con el dibujo previo a la tinta. Con lo que eso del Pollock ordenado es una mentira como que lana sube y lana baja es una navaja y no una oveja en un ascensor. Pero creo que con esa definición se entiende por donde van los tiros. En conclusión, que le he escrito un mensaje con los respectivos elogios y le he pasado los links de mi canal de YouTube y Vimeo. Me había preguntado en la comida si tenía página web, y le he dicho que no, pero que tenía canal de YouTube y Vimeo. (Nota mental: hacerse una página web de verdad). De paso le he dicho que si quiere ver el vídeo de ESOC, pues ya sabe donde vivo; y que si quiere, aunque no sea residente pero si artista dentro de la Glogau, también puede participar en las entrevistas.

Justo en el momento de darle a “enviar” el mensaje, como un aviso del destino, la conexión a Internet se ha caído. Precavido, antes de borrarse la página he copiado el texto. Que no lo he dicho, pero lo he escrito en italiano usando el traductor de Google. Lo que me ha llevado a pasarme una hora corrigiéndolo para que no hubiesen erratas muy graves. No nos fiemos del traductor de Google, aunque en ocasiones extremas sea un salvavidas (como en el caso de la lavadora). Al perderse la conexión a Internet también se ha dejado de subir la película al AFI (y ya estaba en el 98%. Es de esos momentos que duelen).

Como no había manera de volver a conectarse, y era imposible ver una película en Filmin vía streaming, he cogido la memoria externa de mis películas en Divx. Ha llegado caída del cielo (nunca mejor dicho porque ha venido en avión). Incubando todavía el efecto producido por La grande bellezza, he decidido hacerme un pequeño ciclo de Paolo Sorrentino comenzando con la primera película suya que vi: Las consecuencias del amor (La conseguenze dell’amore, 2004).


Al poco de comenzar, movido por la incomodidad de haberme dejado las cosas a medias, he pausado el film y he vuelto a probar la conexión a Internet. Por un instante ha vuelto y le he podido enviar a Giula el mensaje. También he vuelto a dejar subiéndose Sad Song. He seguido con Las consecuencias del amor. Pasada mitad película he querido ver como iba la subida. Otra vez se había caído Internet. Otra vez tenía que volver a empezar. Pero no he podido, pues Internet ya no ha vuelto. Solo me ha dado tiempo a enviar el mensaje. Desde entonces no tengo conexión. He terminado de ver Las consecuencias del amor y aquí estoy, escribiendo mientras espero a que vuelva la Red y me atrape dentro de una caja de cemento del que no puedes escapar viendo el tiempo pasar. O como diría Dante (en una cita directa de la Divina comedia (1304-1321) que se puede encontrar en la Wikipedia y me ha venido de perlas):

Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi ritrovai per una selva oscura,
ché la diritta via era smarrita.

Ahi quanto a dir qual era è cosa dura,
esta selva selvaggia e aspra e forte,
che nel pensier rinova la paura!

Tant'è amara che poco è più morte;
ma per trattar del ben ch'i' vi trovai,
dirò de l'altre cose ch'i' v'ho scorte.

Io non so ben ridir com'i' v'intrai,
tant'era pien di sonno a quel punto

che la verace via abbandonai

martes, 17 de diciembre de 2013

16-12-2013. La llaga

16-12-2013

La llaga

Bienvenido al mundo del ensayo y del error. Bienvenido al tiempo del amor y de la llaga” (Deluxe). Una llaga detrás del labio me está matando desde ayer. Y mientras tanto, jugando al ensayo y  al error en el montaje de Sad Song a lo largo de la mañana. Lo peor de una película tan elegante y tan cuidada es que el sonido no está a la altura. La próxima cámara que me compraré tendrá que ir con un buen micrófono para grabar en exteriores y que salga algo bueno, no decente. Se puede escuchar si lo dejo en niveles bajos, pues he tenido suerte con el viento y me ha respetado bastante. Pero cuando silba…

Así que la pospo de sonido, dentro de todas las limitaciones que el audio capturado me permitía trabajar, se ha centrado en eliminar los momentos donde el viento golpeaba al micrófono y producía un chirriante e insoportable sonido. En los casos donde ese viento no molestaba porque venía acompañado de más ruidos o duraba apenas unas decimas de segundo, lo he tenido que dejar para no estropearlo más. Una vez más, me ha salvado el fuera de campo. Como la mayoría de ruidos provienen del fuera de campo he podido sustituir los bloques de sonido donde dominaba el viento por otros más tranquilos sin que se note la diferencia. De todas formas, tengo que pulir el trabajo con el sonido directo. Pero ya es bastante complicado grabar solo en medio de la calle sin permisos con un trípode, para además con la otra mano manejar una grabadora de sonido, con el cable XLR y el micrófono con un cortavientos. Está claro, para vídeos futuros en los que tenga que trabajar solo necesitaré un cambio de cámara.

Mi Panasonic creo que tendrá ya unos cinco años, y al ritmo que yo la uso deben ser unos ocho años perrunos. Vamos, que poco a poco me pide la jubilación. Pero espero que me aguanté hasta finalizar este proyecto. Probablemente, si se hace una instalación con todo lo grabado, la deje expuesta también.


El montaje de imágenes no tenía muchas complicaciones, como conté el otro día, pues sólo había que seguir el orden cronológico de los personajes y/o esculturas y memoriales. Básicamente, después del prólogo, el único punto donde podía jugar era con la parte de historia grecorromana. La duda estaba en donde colocar el plano con la estatua del lobo y la cigüeña. Esta estatua representa una fábula cuya moraleja viene a decir que es inútil hacer el bien a los malvados, pues nunca corresponden los favores recibidos. Había pensando en colocar esta estatua justo después de toda la parte grecorromana, pensando equivocadamente que las fábulas fueron más comunes en la edad media. Pero las fábulas no son Los cuentos de Canterbury, este género literario ya existía en la cuna de la civilización en Mesopotamia. Y no nos olvidemos de las fábulas de Esopo. Así, después de comprobar fechas y pensar que comenzar con una fábula tan significativa tendría más fuerza he decidido colocar la estatua del lobo y la cigüeña la primera de todas, seguida por Niké oculta tras los árboles, incapaz de ver nada. La Victoria imposible.

El resto del montaje ha seguido un curso cronológico bastante temporal, en el que las fechas extensas de reinado de los emperadores, generales y compañía, me han permitido ir intercalándolos con intelectuales, creando así un perverso juego irónico. Es interesante ve la evolución y el retrato que se hace de cada clase “estamental” y los periodos. La película comienza con las esculturas clásicas grecorromanas, blancas y bien cinceladas en mármol. Le siguen grandes figuras de bronce de los mandamases prusianos. Muchos de ellos a caballo. Y si no están a caballo, son ensalzados encima de un pilón. Los médicos, intelectuales, científicos, políticos y economistas tienen una representación más mundana, más humilde. Están a ras de suelo y sus figuras tienen una estatura de ser humano. Los memoriales son gigantescas moles de piedra y/o derivados. El peso de la historia. Y cuando llegamos a la contemporaneidad llega la abstracción y la confusión de materiales. Las estatuas son hombres molécula, osos amorosos y figuras camino del cubismo. Como decía, es muy interesante ir siguiendo esta evolución durante la hora que dura el film. También lo es ver en que lugar están ubicadas las diferentes estatuas y cuanta gente las transita, atendiendo así a la importancia que realmente se le ha dado a la memoria de estos personajes o momentos históricos.


Creo que hasta el momento ésta es mi película con mayor poso ideológico (tanto político como de acumulación de ideas bajo las imágenes) que he hecho hasta la fecha. Mi anterior cortometraje, Monumentos en la luna, también tenía muchas lecturas de fondo y una puesta formal arriesgada. Era más clásico a nivel narrativo, éste es más contemplativo. Son opciones diferentes para hablar de las cosas. Y cada una necesita de un contexto de exhibición. Como Sad Song está previsto para festivales de cine experimental y exhibiciones en museos, creo que esta es la forma más adecuada para expresar la idea que quería reflejar. Pues al final, lo importante en el arte contemporáneo es el concepto y la idea. Y el reto es lograr expresarla con nitidez sin regresar a cánones clásicos.

Al final no he utilizado el maravilloso plano del Molecule Man para cerrar el film. Pero he puesto otro también muy significativo. Si la película comienza con un lobo y una cigüeña, termina con un entrañable oso que da la bienvenida a los turistas y a los asistentes del O2 World, el mayor reciento de conciertos de la ciudad, llamado así cuanto la compañía Telefónica O2  adquirió los derechos del proyecto. Y el oso es tan amoroso y naif que salta el contraste entre las primeras esculturas grecorromanas y esta. Detrás del pequeño oso, el gran coliseo que es el O2 World. Cómo un estadio es llamado Mundo. Un mundo de oxígeno diatómico. Todo un signo de los tiempos.


De lo que ha sucedido a lo largo del día no hay mucho que decir. Me han publicado la crítica de La grande bellezza[1] (en la que me podría haber esmerado más, pero es una película complicada sobre la que realizar un breve comentario crítico-analítico y requiere trabajarla con mayor detenimiento y no una primera y somera impresión).

También ha venido Martí, de ESOC a recoger el vídeo que les grabé de su performance. Se marcha a Valencia por navidad y quería llevárselo consigo. Las navidades se acercan. He leído que en la puerta de Brandemburgo se celebra el fin de año a lo grande. Me hace ilusión ir. ¿Cuántas veces podré hacerlo?

domingo, 15 de diciembre de 2013

15-12-2013. Buenas cosas mal dispuestas

15-12-2013

Buenas cosas mal dispuestas

Para ser domingo había muy poca gente en la calle. A decir verdad, no había nadie en la calle. Mi barrio presentaba un panorama desolador. Tengo que salir más a menudo los domingos por la mañana para poder fotografiar fachadas y obras, hay una calma en la ciudad que no la he visto en ninguna otra parte. También en el centro, la “zona turística” estaba bastante tranquila. Tampoco es que Berlín sea una ciudad invadida por japoneses ansiosos de fotografiarlo todo, pero tanto silencio un domingo hace sospechar. El único sonido que inunda las avenidas son las campanadas que llaman a misa.

No es que haya hecho un buen día. Ha estado chispeando durante toda la mañana y eso tampoco invita a salir. Pero los turistas son como los bárbaros: les da igual llueva o truene, sus días son limitados y el viaje les ha costado su dinero, así que paraguas, chubasquero o cadenas en la botas, se cuelgan la réflex del cuello y se ajustan la gorra o se aprietan fuerte la coleta, y salen a la calle como si no hubiera mañana. Pero esto no pasa aquí.

Después del sol de ayer en mi día de descanso, hoy me ha vuelto a hacer el tiempo que necesitaba. Aunque la lluvia se la podría haber ahorrado, pero al menos me ha refrescado la larga caminata. En principio era un paseo. Grabar tres estatuas y a casa. Había calculado que saliendo a las diez estaría en casa a la una, así comería tranquilo y a las dos me iría a ver La grande bellezza de la que han hecho una reposición en los Babylon aprovechando sus premios en los European Film Awards.


Pero los planes no siempre salen como uno quiere. El paseo se ha convertido en una larga peregrinación. El campus de la universidad de Humboldt estaba más lejos de lo que pensaba. Además me he perdido por un par de calles sin salida y he tenido que desandar mis pasos. Luego, dentro del Tiergarten no había manera de encontrar el Rosengarten, y cuando he dado con el… resulta que está cerrado de octubre a marzo. Así que lo he visto desde fuera y me he ido a buscar la estatua de Wagner. En el camino, de cuando en cuando, vislumbré breves momentos de belleza, titula Jonas Mekas a una de sus películas, y una de las cinco mejores del siglo XXI. Yo, más que breves momentos de belleza, en el día de hoy me he encontrado estatuas nuevas. Hans Joachim von Zieten, Albrecht von Graefe y Robert Koch se han unido a Sad Song en el último momento. Habían más pero las he tenido que descartar.


Después de recoger todo el material y emprender el camino de regreso he visto el reloj y he comprobado con Google Maps los kilómetros y el tiempo que me separaban de casa. Si quería ir al cine tenía que coger el metro. Y eso he hecho. Tenía que hacer transbordo. Al llegar a la estación donde debía cambiar de línea me he llevado un susto y maldecido la red de metros de Berlín. En mis narices, nada más bajar del vagón, había un cartel que indicaba que la línea que me lleva hasta casa tenía un tramo no operativo hasta agosto de 2014. Pero no era el que tenía que coger, menos mal. El otro metro ha llegado enseguida y he llegado al cine a la hora prevista, pasando por casa a dejar la cámara y el trípode, no fuese a pasar que me dejasen sin entrar a la sala.

En los Babylon había una cola considerable. Son muy astutos estos programadores. Han aprovechado que aquí la gente respeta al cine y va a ver películas de autor. Han aprovechado que los European Film Awards fueron la semana pasada para poner a la ganadora sabiendo que tendría tirón. Y han aprovechado para ponerla un único día de la semana, el domingo, el día más caro (8€ me ha costado la entrada), y en una única sesión (a las 14.30, hora de comer, para que todo el que fuera se comprase algo de comer y de beber. Como así ha sucedido).

Veinte minutos de publicidad y a las 14.50 ha empezado el film. Ahora luego o mañana por la mañana escribiré la crítica para Mone Monkey, así que no voy a decir nada aquí, salvo que me ha gustado mucho. El comienzo es, como siempre en Sorrentino, absolutamente hipnótico. Y una vez hipnotizado ya no puedes apartar la mirada. La película comenzaba con una roca en la que podía leerse “Roma morta”, y luego a una serie de japoneses ansiosos de fotografiarlo todo. Tan ansiosos que a uno le da un infarto. Una manera de decir que en Roma ya no hay nada que fotografiar. Pero voy a dejar estas reflexiones para la crítica….


Como me suele pasar después de ver una película de Sorrentino, u otra donde la steadycam se mueva constantemente con suavidad, el camino ha casa lo he hecho mirando de lado a lado de la calle y a la gente con la que me cruzaba como si yo mismo fuese una steadycam. La sensación es flotante y maravillosa. Que pena que las cámaras no puedan grabar exactamente igual que como lo hacen nuestros ojos. Entonces he pensado en comprarme una cámara de estas que están incorporadas en las gafas. Pero luego he llegado a la conclusión de que debería girar la cabeza y hacer movimientos bruscos porque el objetivo de esas cámaras está en el centro, y no se mueve de lado a lado como hacen nuestros ojos, con lo que si fuese con ellas por la calle y quisiese mirar a la gente que pasa a mi alrededor tendría que girarme por completo y crearles una peligrosa sensación de acoso que me llevaría a quedarme sin gafas a raíz de un puñetazo.

Al llegar a casa he subido a poner la lavadora. Me he encontrado con un tal Matthew de Liverpool. He estado a punto de decirle que cómo la película de Lisandro Alonso. Los del piso superior parecen más majos, y su comedor y baño están bastante más aseados que los nuestros. Somos la planta de los dejaos. Y como Jep Gambardella, que se incluye entre los de su troupe en La grande bellezza, yo también me tengo que incluir en la mía. La lavadora tenía la ropa de otro quimérico inquilino que no la había sacado. Así que le he dicho a Matthew: “I come back later. See you soon”. Se ha reído complacientemente. Ya volveré mañana a primera hora, a ver si tengo suerte.

Después me he ido a la ducha. No se que habrá pasado en mi ausencia, pero la luz de la cocina y del baño no se encienden. Y necesitaba una ducha. Después del bolsillo con cremallera, el mejor invento de la historia es el Smartphone. Además de ser un mapa del mundo que te localiza y te diseña rutas de navegación para tierra, mar y aire; también puede ser una linterna que parece una farola. Así que me he puesto mi farola particular y con ella me he duchado.

He importado, montado y etalonado el nuevo material y lo he dejado renderizándose. Me ha indicado el programa que tardará cuatro horas. Así que para rematar la faena me he querido poner una de las películas de Fellini con las que dialoga Sorrentino: La dolce vita (1960). Pero Internet ha fallado y he decidido que ya la veré mañana. Como tampoco puedo conectar el skype para llamar a mis padres, ni puedo mirar como ha quedado el Supermanager de la ACB, y tengo que esperar todavía dos horas para poder ver como ha quedado Sad Song, me he puesto ha escribir esto. Y ahora que he terminado, voy a coger el libro de cuentos cortos chilenos que me dejó María y leer un rato.  En fin, ha sido un día de buenas cosas mal dispuestas, tal como decía el título de la canción de La buena vida:

Lo malo en la vida suele ser lo mejor,
pues te hace sentir como un patán.
Lo bueno de la risa suele ser que al final
nadie quiere reír solo pueden llorar.
Lo triste que me siento mirando hacia atrás,
viendo que no hay nada…

Viendo que no hay nadie con quien compartir
toda la semana.
Viendo que los años pasan junto a mí
y no me queda nada.
No me queda nada…

Ya lo ves.
Toda la semana te suelo ver
con ese vestido tan lindo
que traje por Pascua una vez.
Que te queda tan bien, tan bonito,
que pareces volverme a querer.

Volverme a querer.
Sentirnos tan
a gusto que
no ha cambiado nada,

no ha cambiado nada.