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lunes, 6 de enero de 2014

5-1-2014. En el regalo de reyes habrá sangre

5-1-2014

En el regalo de reyes habrá sangre

La noche no había sido buena. El dolor me impedía dormir, así que me puse a traducir al inglés el guión/relato corto Desaparecer. Después comencé el storyboard para empezar a hacerme una idea de cómo podría ser el corto visualmente. Es muy fácil escribir sobre gente a la que le desaparecen los brazos, pero cuando tienes muy pocos medios, hacerlos desaparecer de verdad es muy complicado. Cada plano que pensaba para el storyboard lo hacía teniendo en cuenta el minimizar en la medida de lo posible, pero sin restarle intensidad, la aparición de aquellas partes del cuerpo que en el guión indica que me tienen que ir desapareciendo.

Se me han hecho las ocho de la mañana y he subido a poner la lavadora. Había alguien terminando de ducharse, por lo que la ha puesto todo lo rápido que he podido, para no cruzarme con la persona del baño y provocarle un susto mañanero. Con las prisas no he mirado el programa y he puesto uno de los largos. Casi cuatro horas ha estado lavándose la ropa. En este tiempo me he duchado, he desayunado, he subido con el libro de cuentos chilenos, he terminado de dibujar el storyboard, me he ido con Cyril ha buscar una especie de almacén de segunda mano que sólo abre los domingos pero hoy estaba cerrado, y he desayunado con él en una cafetería “francesa” donde vendían “pain au chocolat” pero las chicas que la llevaban solo hablaban alemán.


Cuando he vuelto ha casa he subido por decimocuarta vez a comprobar si la lavadora ya había terminado. Ahora sí, por fin. Me he encontrado con otra de las nuevas chicas que han llegado a la residencia. Una alemana, se llama Antje y es amiga de Hanneke. Después de tender me he puesto ha hacer pruebas para ver si puedo conseguir que mis brazos desaparezcan con facilidad utilizando la tela verde de croma. Las pruebas han resultado un fracaso, pero han salido otro efectos interesantes que podrían venirme bien para otro momento, pero no para Desaparecer. Creo que tendré que pintarme de verde limón los brazos si quiere hacerlos desvanecerse con “facilidad”. Mañana o pasado iré a comprar pinturas y, de paso, algún lienzo.

  
Haciendo pruebas casi se me han hecho las dos, y hoy me apetecía prepararme una comida decente. He cogido el portátil, lo he llevado a la cocina-comedor, he puesto a Julia Holter y he empezado a pelar patatas y calentar el agua para echar el arroz. En eso ha entrado Lye a hacerse su comida. Un día más, ya que hemos vuelto a coincidir, hemos comido juntos. Ya que tenía la música puesta le he preguntado sobre música y ha destacado el jazz. Después sobre cine, y me ha sorprendido. No sabía decirme películas en concreto, pero sí un director: David Lynch. “I love David Lynch”, le he dicho. Y hemos estado hablando de él un rato. Le he contado que ahora Lynch hace música. Como Lye no la había escuchado, he cogido el Spotify, he quitado a El hijo y le he puesto el último de Lynch: The Big Dream. Después le he preguntado que cineastas chinos le gustaban, por curiosidad, y también más o menos los mismos que a mí, los más conocidos por Europa. Lye lleva viviendo seis o siete año aquí y le gusta más el cine europeo que el asiático. Hemos hablado de Tsai Ming-liang, Hou Hsiao-Hsien, Wong Kar-wai, Jia Zhangke, Ang Lee…. Le he confesado que Ang Lee no me gusta especialmente. Ella me ha hablado de Almodóvar. Le he tenido que volver a decir lo de que no me gusta especialmente. Fuera de España sólo conocen a Almodóvar y a todos les gusta. Le he explicado que Almodóvar viene Fassbinder y éste de Douglas Sirk. Y al final ha llegado la gran revelación. Lye me ha dicho que le gusta un “filmmaker from Grease” he entendido yo.  “Grease?”, le he preguntado. Y he buscado Grease (Randal Kleiser, 1978) en imdb. Se ha reído y me ha dicho que no. Insistía con el “Gris”, hasta que ha dicho “Angel… I don’t know the name, from Greece”. He saltado de la silla. “Ah! Greece!! Theo Angelopoulos”. “Yes, yes, that’s right. How is the name?”. “Angelopoulos. Is my favorite filmmaker. My last documentary is dedicated to him. I recently wrote a text about him and the new greek cinema”. Y hemos estado hablando un poco de las películas que había visto ella. Le he recomendado El viaje de los comediantes (1975). “Is one of my favorites movie”. Para rematar la jugada, después de hablarme de Angelopoulos, me ha hablado de Tarkovsky, y, por supuesto, le he dicho que tiene que ver Stalker.


Después de tanto cine de autor, he vuelto a mi habitación y me he puesto La vida secreta de Walter Mitty (Ben Stiller, 2013). Le he dedicado una demoledora crítica para Mone Monkey. He llegado a comparar su mensaje con el nazismo. Lo bueno de escribir y reflexionar, aunque sea brevemente, sobre las películas es que te hace darte cuenta de lo que realmente te ha parecido. Antes de escribir la crítica, la película me parecía simpática, pero al darle vueltas y analizar me ha parecido un horror, publicidad encubierta, hay que seguir el sueño americano, la crisis y las barreras no existen si te lo propones… y los sueños, sueños son.

Para quitarme el sabor mal sabor de boca me he puesto otro estreno que he encontrado por la web y tenía ganas de ver. Aquí, en Alemania, muchas de las películas que están saliendo ahora en España llegan tarde, y sin subtítulos en español, así que esta vez tengo que piratear. Si estuviese en Barcelona como el año pasado iría a verlas todas al cine. Enero de 2013 me lo pasé de sala en sala. Bueno, la película era La gran estafa americana (David O. Russell, 2013), que ha sido como volver al mejor Scorsese. Las películas de Russel me gustan, pero creo que no son para tanto. Me interesan, pero noto que por dentro están vacías. Suele coger géneros y marearlos, reformularlos, marcianizarlos, pero se queda ahí. El lado bueno de las cosas (2012) me gustó, pero de todas sus películas creo que me quedo con The Fighter (2010), también protagonizada por Christian Bale que, Batmans aparte, es un gran actor. Mañana o pasado escribiré la crítica del film.

Antes de ver la película me ha llegado un correo, un regalo de reyes que ha resultado ser carbón. Después de dos años, unos días antes de venirme a Berlín había hecho la última reescritura de mi libro Guía para ver y analizar: Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson, 2007) y lo había reenviado a la editorial. Los últimos cambios y correcciones de estilo estaban a cargo de ellos, así que lo daba por zanjado hasta tener que revisar las galeradas. Pues bien, me ha llegado un correo de la editorial que me ha tocado mucho los huevos, así de claro. Después de hacerme recortar el libro en más de cien páginas, después de adaptarlo a una escritura más académica y aburrida, después de eliminar apartados completos porque algunos del consejo de redacción los encontraban forzados, después de hacer caso a cada punto y coma que me indicaban en las correcciones, después de reescribir el libro tres veces y tener que pasar tres vistos buenos… me han dicho esto:

Querido Adrián:
Había empezado ya a corregir tu libro, pero, además de diversos problemas  de redacción y estilo que ya me encargo yo de modificar, me he encontrado  con un problema que hasta ahora nunca había encontrado en ningún original. 
Y es que haces una sinopsis larguísima, pero, en el análisis, al menos en  el principio (5.1.3 y 5.1.4) no cuentas la película, sino que,  directamente, te fijas en las escenas o los aspectos más destacables, con  lo cual yo me pierdo. ¿Cuándo aparece H.W.? ¿Cuándo muere su padre? ¿Cómo  adopta Plainview a H.W.?
Tengo que confesarte que yo no he visto la película, pero tampoco había visto la mayoría del resto de películas que hemos editado y nunca he tenido ningún problema al corregir los libros porque siempre en cada uno de los apartados del análisis, además de analizar todos los aspectos relacionados con la puesta en escena, se "cuenta" el trozo de película que  corresponde al apartado.
Lo comenté el viernes en la reunión que tuvimos el Consejo Asesor de la  colección y les pareció bien que te vuelva a enviar el texto para que  arregles ese problema. Dicen que eso lo puedes hacer en un plis. Yo creo que deberías reducir la sinopsis, que debe ser solo "un resumen  claro de la trama del film, destacando sus distintas partes y los aspectos  esenciales" e incluir esa explicación más pormenorizada en el análisis.
Te envío el texto que yo tengo preparado, ya sin imágenes, que es mucho  más sencillo de manejar, para que hagas ahí las correcciones.
Lo siento, pero todos queremos que salga un libro lo más perfecto posible,  ¿verdad?
Hasta pronto. Un abrazo

No le voy a contestar mañana porque es día de reyes en España y no quiero molestar a nadie. Pero, pasado mañana les diré lo que les tengo que decir. En resumen será: que estoy aquí y no tengo tiempo para hacer esas correcciones, que los principales evaluadores les pareció bien el tamaño de la sinopsis, que si la parte descriptiva de las escenas no está en el análisis es porque me obligaron a quitar páginas y que, a elegir, como se supone que estos libros son para gente que está trabajando la película y ya sabe lo que sucede, con explicarla bien en la sinopsis no hacía falta repetirse, porque el lector es inteligente, y decidí eliminar eso antes que la parte de análisis que es lo verdaderamente interesante. Si me fuerzan mucho haré las correcciones, cuando pueda hacerlas. Si no, no. Y a la presentación del libro, si es que al final se publica y se hace presentación, no pienso ir. El libro me parece que es una mierda, así de claro. Y si quiero que se publique es porque me ha costado mi tiempo hacerlo. Un tiempo que cobraré, si es que cobro algo, con cuenta gotas y cuatro duros. Y si alguien quiere la versión completa, con todo lo interesante y lo que la hacía una guía diferente, aunque mal escrita, lo debo reconocer, la empecé a escribir en cuarto de carrera y eso se nota, le regalaré una copia o se la enviaré por email. Dudo mucho que vuelva a escribir un libro académico de este tipo. Tengo en marcha un proyecto sobre otro cineasta, y me he comprometido, pero más allá de ese no pienso volver a someterme a esta continua Sodoma y Gomorra a cambio de nada más que sentir la satisfacción y el reconocimiento de haber hecho un buen trabajo que después te destrozan. Y de satisfacción y reconocimiento no se puede vivir.

Y así, de mala leche, me voy hoy a la cama, con este infructuoso regalo de reyes que me parece a mí que si la cosa sigue así habrá sangre, o There Will Be Blood, como dice el título original de la película de Paul Thomas Anderson. 

sábado, 4 de enero de 2014

3-1-2014. Barcos de papel con banderas extranjeras

3-1-2014

Barcos de papel con banderas extranjeras

Hoy ha vuelto el caminante kamikaze.  Trípode al hombro, cámara en el bolsillo, el caminante kamikaze estaba dispuesto a recorrerse las calles de Berlín hasta llegar al extremo este de la ciudad.  Hacía sol, corría una refrescante brisa y las nuevas zapatillas estaban bien acopladas a sus pies. Hoy ha vuelto el caminante kamikaze.

Sí, hoy he vuelto a darme uno de mis largos pateos. No sabía ya que lugar visitar, así que busqué por Google Maps algún sitio que me llamará la atención. Mirbachplatz. Desde la vista aérea del Maps solo veía una punta de un edificio en medio de una pequeña plaza copada de árboles. Estaba a ocho kilómetros de casa y cerca había un parque con un lago, buena elección. Pero no he estado muy atento al camino. Florence me ha inspirado una idea muy buena para un cortometraje que podría realizar para Notodofilmfest. Así que, en las casi cinco horas de caminata apenas he sacado la cámara, pero he escrito mentalmente un guión. Se va a llamar Desaparecer. Al principio lo iba a titular El amor desaparecido o El amor ha desaparecido, pero quedaba muy cursi para mi gusto. Poco a poco, a cada paso que daba le he ido dando forma. Es increíble la sensación que produce ese proceso de ir dándole cuerpo, de pensar y repensar la idea, añadirle aspectos, corregirle fallos, enlazando temas y acciones, buscar el por qué ... y más emocionante es hacerlo de cabeza, sin detenerse mental ni físicamente, mientras caminas por las calles y cuando te das cuenta estás cruzando sin mirar una gran avenida y un camino de Heinz podría haber hecho un bote de kétchup contigo. Es sorprendente cómo el tener que visualizar lo que estás pensando para poder ir dándole forma hace que no veas lo que tienes alrededor, que estés sumergido en un mundo paralelo.

Los cortos del Notodfilmfest deben ser muy breves, un máximo de tres minutos creo. Anoche estaba dándole vueltas, un buen corto de esa duración tiene que ser muy sencillo pero muy profundo, con las ideas claras y con una narrativa mínima decirlo todo. Y, por supuesto, yo no pienso hacer un corto cómico con el que todo el mundo se ríe, gana el premio del público y la moraleja es lo de menos. Viene en mí, tengo que hacer algo dramático y profundo, serio (aunque no demasiado), poético y elegante. Es decir, poco popular. Como lo tendré hecho en un par de semanas o menos (espero) ya contaré de que va. De hecho, publicaré el relato corto en que se basa. Porque no me gusta escribir guiones. Prefiero escribir un relato corto que me sirva de guión. Mientras lo iba pensando ha resultado ser muy kafkiano, que le vamos a hacer. En mi hombro izquierdo Camus, en el derecho Kafka.

Caminando he pasado por delante de un café, creo que llevado por españoles, que se llamaba “Ana y Otto”, como Los amantes del circulo polar (1998), esa mala, sí, mala, reconocedlo de una vez, película de Julio Medem. Con ella empezó el desastre después de las maravillas de Vacas (1992), La ardilla roja (1993) y Tierra (1996). Y podemos salvar también La pelota vasca, la piel contra la piedra (2003).

He llegado a la Mirbachplatz y había una pequeña iglesia, he pensado, abandonada y medio en ruinas. Le he dado la vuelta a la rotonda y he cogido dirección al parque WeiBensser. El lago era inmenso para un parque. Y es que no dejan de llamarme la atención los parques de Berlín, son bosques a los que se les respeta su naturaleza. En la orilla del lago había dos barquitos de papel. Por supuesto, me he puesto a grabarlos. ¿Cuántas veces se encuentra uno con barcos de papel que flotan de verdad en medio de un lago?


Ya tenía el punto de partida para iniciar la serie de haikus inspirada por los poemas de Irene. Barcos de papel, patos, la luz bañándose en el agua… difícil de encajar en la tristeza que tiñe sus haikus. Pero más interesante saldrá el vídeo. Adiós a la delicadeza y la ñoñez de los cisnes, adiós los barcos de vapor y las luces doradas del sol. Que se llenen de tristeza esos iconos gentiles, que desparezcan sus rimas sutiles. He decidido que utilizaré éste:

Senyal

Vida de paper
Has deixat l’estampa en ella
Amb eixa tinta vermella

Cuando me estaba marchando he visto que un hombre se ha tirado desnudo al lago para darse un chapuzón y lavarse un poco. Una señora con la que me he cruzado me ha dicho algo en alemán riéndose. Cómo llevaba la cámara al hombro supongo que habrá sido algo tipo que lo grabase, no lo sé, pero he asentido con una sonrisa y he seguido caminando. Ha sido entrar y salir del agua, no he podido grabarlo, y tampoco habría sido pertinente.


A la vuelta he decidido bajar por un camino diferente que me ha llevado al cementerio judío. Al lado del cementerio hay un Lidl. Unos chavales han salido corriendo con un par de botellas de alcohol cada uno y mirando hacia atrás mientras soltaban carcajadas malhechoras. Estaba claro que lo habían birlado. Al llegar al final del cementerio me he metido por una callejuela sin asfaltar que daba a una especie de camping. Algo muy extraño: a la izquierda un pequeño taller y concesionario de Citroën, a la derecha el cementerio, entre ambos una idílicas casas de verano con su jardín bien cuidado.


Para llegar a casa debía pasar por el Görlitzer Park con mis queridísimos drug dealers. Con estos pelos y estas barbas debo de tener pinta de consumidor de marihuana, pues uno tras otro me han ido ofreciendo. “Hallo! Do you want some weed?”. “No, thanks” y he cruzado el parque.

Nada más llegar me he puesto con el relato corto/guión de Desaparecer. Después me he leído el guión del cortometraje que está preparando Cyril. Me lo ha pasado para que le diera mi opinión. Me lo he leído en francés y en inglés para que no se me escapase nada. Una buena respuesta requería tiempo, y escribirla en mi frenchglish todavía más.  Al menos con el puedo ir cambiando el idioma cuando no me salen las palabras, eso hace las cosas más fáciles. No sabré hablar bien ningún idioma, pero chapurreándolos todos un poco algo se puede hacer.  Lo mismo me ha pasado con Giulz, que hoy, por sorpresa para mí, me ha escrito un mensaje para decirme que ya había llegado a Berlín. Le he contestado en italiano y eso también me ha quitado minutos. Después el correo pendiente que tenía con Florence para intercambiar cortometrajes y demás. Éste correo todo en francés. Tengo pendiente el alemán…

Se me ha hecho tarde para transferir el material grabado, o ponerme a editar el vídeo en el que empecé a trabajar ayer y que consiste en comparar una actuación de música tradicional coreana con otra de flamenco. Mañana me pondré con ello, después con el haiku y después con el corto para Notodofilmfest. Tres proyectos diferentes en la cabeza. También estoy leyendo tres libros diferentes. Y todos los días caen una película y un par de capítulos de series de televisión. Entre medias camino, como, trabajo y escribo. No sé de dónde saco el tiempo ni las fuerzas, pero ahí están. Es la pulsión creadora, inagotable, insaciable.


Cuando ya me disponía a cenar y tenía el capítulo de Futurama esperándome, he salido al comedor ha prepararme la leche. Estaba la nueva inquilina, Lye, haciéndose la cena. Me ha repetido su nombre varias veces, pero ha sido imposible pronunciarlo. El mío tampoco era fácil, así que los dos contentos. He decidido hacerle compañía, cenar con ella, hablar un poco y conocernos mejor. He vuelto a la habitación, he quitado el capítulo de Futurama, cogido el paquete de Corn Flakes y he salido a la cocina. Me ha contado que pinta y hace fotografías de ruinas, que vive en Alemania desde hace seis o siete años, pero que los últimos meses estaba en otra residencia artística de Estambul. Ha vuelto para terminar el proyecto que debe presentar de final de estudios en su escuela de bellas artes cerca de Leipzig (si no recuerdo mal). Ha estado en Granada y en Sevilla. Yo le he dicho que quiero a Taiwan y que tengo una prima china. No sé cómo, pero siempre termino sacando a Carlota en todas mis presentaciones. Hemos terminado de cenar y ya eran las diez y media. Como escribir cada capítulo me lleva unas dos horas y media, me he puesto a ello sin ver ninguna película, aunque tampoco tenía la cabeza preparada. Para mañana dejo el documental sobre El infierno de Henri-George Clouzot (Serge Bromberg y Ruxandra Medrea, 2009) que me ha pasado Cyril, y, puede que también La vida secreta de Walter Mitty (Ben Stiller, 2013), que para los que no lo sepan es un remake de una película de Norman Z. McLeod dirigida en 1947 e inspirada por un relato de James Thurber. Estoy pensando que últimamente tengo al cine asiático un poco abandonado. Le daré estas semanas.

jueves, 2 de enero de 2014

1-1-2014. Mi noche con Maud

1-1-2014

Mi noche con Maud

Creía que nunca iba a poder citar Toro, la canción de El columpio asesino. Pero… “vamos niña, ven conmigo. Vamos hoy a divertirnos. Yo te pintaré un bigote, necesito un buen azote. Maraca loca, piano ardiente. Nunca fuimos delincuentes. Gafas negras en la noche. Vamos niño, sube al coche. […] Te voy a hacer bailar toda la noche. Nos vamos a Berlín, no quiero reproches”.

Salimos los tres, Cyril, su amiga Florence y yo, de la residencia casi a la once de la noche. Una densa humareda provocada por los petardos y demás fuegos de artificio nos hacia caminar por un paisaje en la niebla en el que en cualquier momento nos podía estallar algo encima. Cyril le decía a Florence, en francés, que esto parecía la guerra y que si seguía así no llegábamos vivos a las doce. En Francia no se celebra con esta pirotécnica efusividad el año nuevo. Cada ciudadano lleva encima todo un arsenal de fuegos artificiales que lanzan a diestro y siniestro. Mientras nos dirigíamos a la estación de metro vimos como a unos les salió mal el disparo y les cayó la bengala en sus pies, persiguiéndoles por debajo de las mesas de la terraza del bar. Le comenté a Florence que en la Fallas es todavía mucho peor. Me dio las gracias por advertirle y me aseguró que no viajará a Valencia. Ellos sabían el destino y yo iba como Pez en la ola, otra vez de El columpio asesino:

Voy a intentar anular mi voluntad,
voy a intentar dejarme llevar,
 como pez que en la ola va,
 como ola que va por el mar.

 A paso lento me alejaré,
por el camino que está por hacer,
como un barquero en la oscuridad,
sin más timón que su corazón

Tú ya no me puedes ayudar,
tus palabras me atravesarán,
sin poso alguno de lo que quedó ayer,
amigo mío, ya no hay dirección.

Pero sé muy bien adonde voy,
pero sé muy bien adonde voy,
como pez que en la ola va,
como ola que va por el mar…
por el mar.

Y la ola nos llevó hasta el los márgenes del centro de Berlín en busca de un pub en el que celebrar la llegada del año nuevo. Cuando lo encontramos estaba cerrado. Nos fuimos al de la calle de enfrente. Al entrar nos encontramos con una mezcla entre un cuadro de Hopper, el garito de Terciopelo azul (David Lynch, 1986), un regreso a la década los setenta y la visión de Wenders sobre la americanización de Alemania y música de la banda sonora de Pulp Fiction (Quentin Tarantino 1994). Dieron las doce y lo celebramos. Nos quedamos un par de horas más en el lugar esperando a que el Gretchen Club, nuestro próxima parada, tuviera más ambiente. Florence es francesa, rubia y de ojos azules.  No tardaron en intentar entrarle. Mientras un joven alemán le daba la tabarra yo hablé con Cyril sobre Jean Renoir, Robert Bresson, Al final de la escapada (Jean-Luc Godard, 1960), la Nouvelle Vague… y que nosotros somos la Nouvelle Nouvelle Vague, la nueva nueva ola. De repente el joven alemán desapareció. Florence nos explicó que había sido decirle que era francesa para que este hiciera bomba de humo. Pero más tarde volvió a la carga hasta conseguir darle su Facebook a nuestra  amiga. A las dos nos marchamos de allí y el joven alemán, intentando ligar sin suerte, había perdido a sus amigos. Lo bueno de ser un pagafantas y salir únicamente a pasar un buen rato sin pretender ligar es que no te pasan estas cosas.

Pero si, soy un pagafantas, que le voy a hacer. La música del Gretchen Club era bastante mala y el ambiente muy seco. Los alemanes parecen troncos de dos metros que se mecen muy lentamente cuando sopla un fuerte viento. Nadie se movía. Me sorprendía que fuera yo el que más ritmo llevaba en el cuerpo. A Florence le hacía gracia. Cyril se marchó, no le supo mal perder los excesivos veinticinco euros de la entrada. Pero para estar ahí, mejor en casa. Pero los pagafantas no nos vamos a casa si estamos con alguien como Florence. Nos quedamos, aguantamos lo que nos echen. Actúo una chica de pelo rosa que no lo hizo nada mal. Hablamos de nuestras cosas. Florecen también es cineasta. Me enviará su último cortometraje de ciencia-ficción. No tenemos la misma opinión de Darren Aronofsky, pero a los dos nos encanta la ciencia-ficción. Yo le enviaré Monumentos en la luna, que como le he intentado explicar, es un documental con una historia paralela de ciencia-ficción. Florence quería ir a un pub donde trabajaba un chico al que había conocido el otro día. “Ok, come on”. Florence perdió el resguardo para que le devolviesen la chaqueta del guardarropa. “Ok, no problem”. Ella había dejado su abrigo después de dejar yo mi chaqueta así que no sería difícil encontrarlo. Lo conseguimos. Nos tocó pagar dos euros por hacerles buscarlo. Como buen pagafantas puse yo los dos euros. Pero el taxi lo pagó ella.

Llegamos al otro bar. Con bastante más ambiente, pero la misma marcha de palos secos en la pista de baile. En el Gretchen Club habíamos hablado de música, de Radiohead, The White Stripes…  nos pusieron Elephant y “I bet that you look good on the dancefloor”, como cantan Arctic Monkeys. A Florence se la veía animada pero no alcanzaba mi ritmo. “You dance to fast”.  Tiré de topicazo para hacer la gracia: “I’m latinman”. Y le conté que curiosamente esa mañana había visto en Facebook una lista de un estudio que indicaba que los alemanes son los peores amantes y los españoles sus antípodas.  Y quedó demostrado con el segundo joven alemán que intento ligar con ella. Como no es que sólo sea un pagafantas, sino que tengo cara de ello, los demás no se cortaban al entrarle. Mientras el nuevo joven alemán intentaba fingir interés y darle conversación yo me divertía mucho observándole. Por la cara de Florence estaba claro que no quería nada con él y que se lo quería quitar de encima. Un rápido viaje al baño y problema arreglado.

Más tarde se nos unió el chico del bar al que Florence conocía. Apenas tres minutos después éste ya estaba bailando con otra. Cuando Florence me lo presentó, su mirada enseguida me pareció desconfiada. Pero a Florence le gustaba. Así que hacia el final de la noche ella se me acercó y me regaló una bebida que no llegué a probar, porque de tanto bailar mis intestinos estaban más liados de lo que suele se habitual. Me hizo este regalo para decirme que iba a hablar con el chico del bar, a ver si conseguía algo. Como buen pagafantas que tiene las únicas llaves de casa y acepta que está en su particular Mi noche con Maud (Eric Rohmer, 1969) sólo para hablar, aprender de la vida y pasar un  buen rato sin pretender nada más,  además de que era la amiga de mi amigo, le dije que adelante y que la esperaba sentando junto a los abrigos. A los cinco minutos estaba de vuelta. El del bar la había rechazado, me contó triste. Le acaricié suavemente la mejilla, le dije “don’t worry, he is stupid. You are very beautiful, is his problem. Do you want go home?”.  Asintió y salimos del local.

Eran las siete de la mañana y todavía era noche, eso nos llamó la atención. Tuvimos suerte y al salir llegó un taxi vacío. Esta vez pagamos a medias, me sabía mal lo de la bebida que me había comprado y no había tocado. Ella se fue a la habitación de Cyril, que ya estaba ronroneando y le costó abrir la puerta. Yo me tiré en la cama y dormí unas cuatro horas. No es bueno romper los ritmos de sueño y prefería dormir poco para al día siguiente acostarme a la hora habitual.

¿Quién me iba a decir que terminaría pasando así una Nochevieja? El único día del año en el que me sale el mal humor desde lo más profundo de mí se había convertido en toda una experiencia. En el primer local, Cyril y Florence me preguntaron si recordaba donde estuve en el 2012 celebrando el final del año. Les dije que no lo recordaba… porque no lo recordaba. Pero este año no se me va a olvidar nunca. ¿Quién me iba a decir que pasaría Mi noche con Maud?

Cuando me he despertado me ha apetecido desayunar en el comedor. He cogido el libro de cuentos chilenos y me he sentado en la mesa al lado del horno a leer mientras me comía mi bollo de leche y la galleta de chocolate. En eso ha entrado Hyeja a preparase la comida. He dejado el libro y me he puesto a hablar con ella. Una vez más ¿Quién me iba a decir que la comida de año nuevo la haría con una chica coreana hablando de cine coreano?

Le ha sorprendido que conociese a Hong Sang-soo. Le he dicho que en Europa es famoso y que su película En otro país (2012) esta en todas las listas de lo mejor del año en España. Le gusta mucho este cineasta porque hace las cosas muy sencillas y muy bellas, porque de la cotidianidad hace cine, y de los diálogos el alma. Me ha dicho que en Corea no tiene mucho éxito porque no hace blockbusters, pero que sí, que fuera va a muchos festivales. Le he enseñado mi pintura Gainsbourg y ha sacado una lectura muy interesante en la que no había pensado: el tríptico es azul marrón y verde: el cielo, la tierra y la naturaleza, cubiertas por esas manchas negras que son la contaminación. Resulta que la pintura era más buena y más interesante de lo que pensaba. El artista nace, no se hace, pero necesita trabajo y estudio para ser bueno y que el subconsciente trabaje así de bien por si sólo. Antes de despedirnos, mientras se preparaba el café, le he preguntado por las galletas de la suerte chinas que guarda en la despensa. Nunca había visto ninguna de verdad, sólo en las películas. Me ha regalado una.

Por la noche nos hemos vuelto a ver. Como Florence se va mañana por la mañana, Hyeja nos ha preparado a todos los de nuestra planta una cena coreana que estaba buenísima. Yo, modestamente, he preparado una ensalada para decorar el centro de la mesa y he ofrecido mandarinas de postre. Una velada, como todas las de los glogauers, de lo más agradable. Hyeja, mientras se prepara un cigarrillo al igual que Cyril, me ha preguntado si tampoco fumo. Le he dicho que no. “You don’t smoke, you don’t drink wine… you are like a priest”. Nos hemos reído con esa comparación con un sacerdote. He pensando decirles que un sacerdote no, un pagafantas si. Pero como no se la expresión en inglés me he limitado a aumentar la broma diciendo que mi colegio estaba junto a uno de curas y algo se me ha pegado.  Después de cenar me he quedado hablando un rato con Florence. Me ha contado su aventura de hoy, yendo con resaca por la ciudad y entrando en un museo en el que un hombre muy amable le ha explicado los cuadros, y en una iglesia donde ha visto un órgano que le ha recordado a Metropolis. Le ha hecho gracia que agite el teléfono móvil cada vez que carga buscando información en internet. Facebook. “You’re welcome in Paris”. “C’est a plaisir”. Dos besos. “Bonne nuit”.  

Después del postre, Hyeja nos ha ofrecido galletitas de la suerte chinas. En el papelito interior que imagina tu futuro me ha salido: “You have a passion for fashion”. Ya tengo propósito de año nuevo: interesarme más por la moda y dejar de vestir camisetas monocromáticas del Decathlon. Dudo que lo haga, como todo buen propósito de año nuevo. Aunque dos que debería intentar cumplir son: ir a París y dejar de ser un pagafantas y hacer Una llamada a la acción, como canta Sr.Chinarro, para no terminar como en esta letra de El columpio asesino (por ir cerrando el bucle):

Dispararé
a quien quieras por ti.
La calle haré
cuando quieras por ti.
Un perro soy
y me hacen ladrar,
no tengo elección.
Y si me quieres sólo para mirar,
tras las cortinas sabré esperar.

Dime qué
quieres para volar,
yo te lo traeré.
Y si decides ya no aterrizar
no tienes más que a mi puerta llamar,
seremos ángeles una vez más,
no tienes más que a mi puerta llamar,

seremos ángeles una vez más.